Los días 15 y 16 de octubre, organizado por la Federación de Coros de Navarra, ha tenido lugar en Pamplona, en los locales de la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, un Taller de Música Coral impartido por la catedrática Nuria Fernández.
Cuando después de haber leído su curriculum, llega la hora de inaugurar el curso y el cantor está todavía intentando aparcar, se prepara mental y físicamente para digerir la mirada interrogante y de reprobación que espera encontrar plasmada en la cara de quien lo va a impartir. Semejante estrés sólo lo conocemos los que tenemos que fichar con el director o con el público, o, en este caso, con 60 personas que girarán la cabeza al tiempo que tu entras por la puerta aunque has tenido la prudencia de esperar a que “callen” ( y eso que has rezado para que la entrada esté en un discreto lateral de la sala y que además no chirríe ).
Pues bien, para mi sorpresa Nuria Fernández, “Nuria “ a partir de aquel momento, me recibió con una sonrisa casi cómplice , como si adivinara el agobio que sentía por mi tardanza y que probablemente era ajena a mi voluntad.
Me encontré, mientras intentaba recuperar el resuello, frente a una mujer cuya energía y aplomo pude percibir desde el primer momento, y el discurrir del curso confirmó que posee. Su aspecto – un vaquero, una chaqueta a juego con unas sandalias femeninamente cómodas- , no engañaba. Tenía un trabajo que hacer y pensaba hacerlo. Trabajar y disfrutar parecían ser sus objetivos. Estupendo; el curso promete, me dije.
Peleaba entonces con los bajos en un trabajo de lectura, que repitió con las demás cuerdas. Espero que Nuria no supiera que la Federación de Coros de Navarra había colgado en su página web – además de las partituras – los Audios de todas y cada una de las canciones que componían el libreto del curso, para cada voz. Si lo sabía, lo disimuló bien, porque con extrema paciencia y sin perder un sólo segundo en algo que no fuera estrictamente necesario “montó“ una tras otra cada una de las obras, a lo largo del fin de semana, en una metódica combinación de cuerdas, según fuese más efectiva para la lectura y memorización de los pasajes por parte de los cantores. Parecía que nada ni nadie podía hacerla cejar en su empeño. Ni siquiera cuando decía “¡una de hombres!” correctamente v-o-c-a-l-i-z-a-d-o sílaba a sílaba , con voz clara y sin asomo de ambigüedad y el auditorio femenino se arrancaba a cantar consiguiendo por unas milésimas de segundo , hacerla dudar de su autocontrol. Pero he aquí que la docencia da experiencia, y supongo que no puede haber nada ni nadie que la sorprenda ni la haga rendirse, así que de inmediato volvía a dar la misma orden con una gran sonrisa para vergüenza de quienes habíamos obviado la orden inicial.
Si, además de su infinita paciencia, me preguntasen qué destacaría de Nuria Fernández, tendría muy clara mi respuesta: su gesto. De claridad pasmosa, inequívoco, conciso, enérgico aún cuando contenido y extremadamente práctico, el gesto de Nuria me atrevo a asegurar que ha sido la envidia de muchos de los directores que asistieron al curso. Intuyo una labor de muchos años de estudio y conocimiento y práctica de la dirección coral así como de la técnica vocal. Y no sólo eso; su labor docente , aún no habiendo leído su historial se hubiera podido adivinar desde los primeros minutos del curso. Sin derroches, sin aspavientos, con la energía controlada en todo momento pero plasmando todo el sentimiento necesario en cada momento. Los movimientos de sus manos y su gesto visual no dejaban escapatoria alguna, si dejábamos de ser, como ella decía“ un grupo de gente que se junta para leer el periódico a la vez”. Ciertamente fue una metáfora más que acertada para definir a cualquier coro absorto en la partitura en lugar de inter-relacionarse con el director.
El curso arrancó con el “ Ingrediente Domino” de Bárdos Lajos; un canto de salutación para el Domingo de Ramos. Antes de que se plantease la eterna cuestión acerca de la pronunciación del latín, Nuria propuso su teoría acerca de esta tan traída y llevada polémica en todos los coros. La pronunciación será la propia del país originario del autor. Fin de la polémica antes de que comenzase y aceptación general. Pero… ¡ que difícil se le hace a una que no se escape el latín de ex_seminarista que solemos utilizar, y al que los más jóvenes ( siempre teniendo en cuenta la edad media del coralista navarro ) nos resistimos. Enfín, esta batalla creo que la perdió porque descubrió con nosotros mil y una formas de pronunciar “ Resurrectionem “. Ella consiguió, con el transcurrir del curso, que fuese verdaderamente un canto de salutación y no un fláccida secuencia de “Hosanas” en tresillos bastante inconcretos.
Le siguió el ”Arrosa lore lor” ( rebautizado por el auditorio como el “tranka tranka”) de Emil Cosetto, autor poco conocido entre el personal y sin embargo con melodías vascas bastante armoniosas y agradecidas de cantar. Pero hete aquí, que surgió la segunda de las discordias :el “desdoble”. He de decir, que el “desdoble” sólo se convierte en discordia cuando la cuerda en cuestión es la femenina, y para ser más concreta, y como es la mía, me lo permito, la de sopranos. ¡ Ay…llega el momento y …torsión general de cuello hacia el zapato ! Bueno… 4 voluntarias; 3 sopranos resignadas y una alto; menos da una piedra y así podemos seguir. Eso sí, impregnadas de orgullo de su recién estrenada condición de mezzo salieron airosas frente a 24 sopranos aferradas a una tesitura a la que más de una llegaba en agónico intento. Zanjemos la cuestión – no me vayan a tildar de tiquismiquis – o no llegaremos al pomposo y resolutivo antepenúltimo compás , con un silencio antes de la corchea de esos en los que inexorablemente alguien ( “alguienes “ ) suelta una nota porque la inercia es mala consejera, y porque las 8 advertencias de Nuria no sirvieron para nada hasta que amenazó con aplicar una multa de 1 eur al se saltara el stop. Y cuando nos tocan el bolsillo…
“Arotzak erran dio”, del mismo autor, completa una serie de canciones del mismo autor que completan estas 6 melodías vascas. Agradable y de armonía sin grandes pretensiones ( quizás de ahí su belleza, al igual que la anterior ), elaborada en un compás de 5×8 cuya complicación radica en el ser exacto en los tiempos para que el ritmo no se indefina. Conseguido interiorizar el pulso, lo demás viene por sí mismo.
Y así, tras la reparadora comida y una vueltecita con Nuria por algunos de los rincones de obligada visita para el foráneo del casco antiguo , descansando de las 5 líneas , nos reunimos de nuevo para abordar el “Tu no sabe inglé” ( Bito Manué); con letra de Nicolás Guillén, con una gran carga reivindicativa y un ritmo endemoniado para los de este lado del Atlántico. Eso sí, yo creo que más de un bajo ha estado en Cuba; les felicito por la interpretación Aprovecho para mencionar el más que correcto papel de los tenores, no en esta canción, sino en todas, ya que los 5 ( la cuerda, en efecto, menos numerosa ) cumplieron honrosamente con su tarea de dar calidez al grupo .
Continuamos con una obra de XVI William Hawley construída sobre un texto de de Torquato Tasso “Vita de la mia Vita “. Si en alguna canción fue necesaria una insistencia sobre la carga interpretativa , fue sin duda en esta. Con un texto precioso ( de los que me temo que ya no se escribe, que a las mujeres nos encanta por poco frecuente, pero los hombres suelen tildar de.. , enfín, ya me entiende quien me lee, ¿verdad ?. Ritmo, texto y melodía se conjugaban para , con una estructura perfectamente clara, llegar a un desenlace de dulce sufrimiento amoroso. Complicado para el cantor, pero imprescindible, jugar con el ritmo al igual que los sentimientos lo hacen con quienes aman; no en vano decía Nuria que “ el ritmo es un factor interpretativo importante”. Perfecta dicción italiana de Nuria, por cierto y gracias a su empeño algo mejoramos la nuestra. Una pequeña joya de la música coral.
Y llegó el “Kantatzera Nuazu”, con música de Koldo Pastor. La canción del misterio. ¿porqué? Fácil. Si nos ceñimos a lo escrito; la soprano solista debería moverse entre líneas adicionales que en alguna ocasión hay que contar para confirmar que, en efecto, hay varios mis sobreagudos. Expectación. ¿ habrá algún fenómeno vocal entre los-las asistentes al curso que sin ayuda de ningún instrumento de tortura dará decentemente la notas escritas ? Misterio resuelto; está escrito así pero se canta octava baja. Ninguna nota del autor ni indicación gráfica ; no sabemos si está así por si aparece el fenómeno o para que cada uno decida en que octava lo canta. Enfín, dejaremos la melodía solista al calor del pentagrama. Comenzamos a encajar los “dom” y poco a poco llegamos al “sin fonación “, escrito en algunos pasajes de la obra. Aunque está, esta vez sí, claro lo que es “ sin fonación”, escepticismo general y aclaración de Nuria. Yo, la verdad ,nunca he entendido estos la-la-ra sin fonación, porque te matas la garganta expulsando aliento ( quiero decir, “álito”, perdón ) y total ni se oyen. Pero eso sólo es la pobre opinión del cantor y estamos dispuestos siempre con sumisa resignación a hacer exactamente lo que pide el autor. Una bonita canción, aunque estuviéramos más pendientes de encajar los “dom”, averiguar qué es un “claster”, pensar si va para arriba, para abajo, o dar los “la-ra-la” sin fonación en el sitio etc, que de disfrutarla.
La joya del curso fue “La Isla”, del compositor japonés con clara influencia francesa T. Takemitsu. Con un texto de gran belleza ( una vez conocida la traducción, lógicamente ), un ir y venir de melodías en voces alternas construídas de forma que nos parecía estar inmersos en una ola que acaricia la playa para volver hacia atrás. Una pequeña maravilla de canción, una sonrisa coral magistralmente conducida y disfrutada por Nuria Fernández. ¿Cómo habíamos de disfrutarla nosotros como lo hicimos si no hubiese sido así ? Gracias Nuria.
En resumen, un curso con un lujo de maestra-directora al frente; eficiente, práctica, gratamente obstinada, con las ideas claras, con un objetivo bien definido y sobretodo, alguien que disfruta haciendo lo que hace. Cada gesto y cada indicación ha sido para retenerla en nuestra memoria y aprender disfrutando. Un curso bien aprovechado que en otros lugares sería una clase magistral intensiva y en un ambiente más que agradable . ¿ se puede pedir más a la Federación de coros de Navarra ? sí: otro.
Ana Isabel Ariño Plana